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martes, 3 de agosto de 2010

El Osito


Era un dia como otro cualquiera
A eso de las once de la mañana, en estos finales de julio con un sol que amenaza con hacerte a la plancha, yo iba en moto rodeando el campo del barcelona, tratando de no mirar, al fin y al cabo soy del madrid, pero esa es otra historia.

al llegar al semáforo, en el borde de la acera, estaba tirado en esa posición absurda y antinatural que tienen los muertos, con una pierna doblada debajo de la otra, los brazos al costado del cuerpo y su voluminosa panza...

Un osito de peluche

Grande para ser un osito, y además no era de peluche exactamente, era una tela de un rosa ladrillo inexplicable y estaba entero, es decir, no estaba roto; (lo que hacía mas incomprensible su abandono)

Que estaba triste era innegable, su cara sonriente era solo una máscara, estaba destrozado por dentro.

La gente que pasaba por su lado seguramente tenía tentaciones de cogerlo, pero con esa vergüenza estúpida de los adultos de coger las cosas abandonadas, nadie le daba importancia

Yo estaba a un metro escaso del osito, y en un momento dado le ví mover una pierna, no se si fué el viento, o alguna otra causa, pero me dejó tieso ese movimiento, me parecío un estertor de rebeldía ante el abandono, (o la muerte) porque un osito abandonado en la calle es un osito muerto.

Yo también sucumbí a la vergüenza, y tampoco me lo llevé. Me justifiqué con eso de que tenía que bajarme de la moto, que como haría para llevarlo, que donde lo pondría y unas cuantas excusas mas que me fuí repitiendo mientras partía raudo para seguir con las cosas de mi vida.

Pero no he podido dejar de pensar en el osito aquél.

A veces nos pasa a nosotros lo del osito, y el resto del mundo no se digna ni siquiera mirarnos por temor a tener que hacer algo por nosotros. O tiene miedo de querernos, de necesitarnos.


Y estan los que abandonan los ositos, gente sin alma, descastados sentimentales que dejan tirado en una esquina al osito que quizás te acompañó en tus noches de temor a las oscuridades o simplemente te dejó su cuerpo blandito para que te abrazaras a él

Alguna vez en mi vida he tenido que abandonar cosas que he amado mucho, siempre con gran dolor, ese dolor que solo mitigan el tiempo y el olvido.
Y esta vez, me pasa que no puedo dejar de pensar en aquel osito, pobrecito, tirado al lado del semáforo.

He dicho que nunca mas dejaré, si lo encuentro, un osito tirado en la calle, y si a alguien le sirve de algo esto que cuento, que tampoco lo haga.

1 comentario:

MERCEDES dijo...

Te felicito por el relato, espero que cuando veas a otro osito... te bajes de la moto :)